
La presencia de materiales con amianto instalados (MCA) sigue siendo habitual en edificios construidos antes de 2002. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes en su gestión no es su existencia, sino no evaluar correctamente el riesgo real que representan.
Tal y como se recoge en una reciente publicación especializada en prevención, limitarse a identificar el amianto sin valorar su peligrosidad y el contexto en el que se encuentra puede generar exposiciones evitables y decisiones preventivas incorrectas.
Hoy en día, la gestión del amianto exige algo más, exige criterio técnico, metodología y priorización objetiva.
IDENTIFICAR AMIANTO NO ES EVALUAR EL RIESGO
Durante años ha predominado una idea simplificada: “Si el material no se manipula, no hay riesgo”. Esta afirmación es incompleta. Un material con amianto puede representar un riesgo relevante incluso sin intervención directa si concurren factores como:
- Deterioro progresivo del material
- Ubicación accesible o en zonas de tránsito
- Vibraciones, corrientes de aire o gradientes térmicos
- Alta ocupación humana del espacio
Por este motivo, la normativa y la evidencia técnica actual insisten en que la gestión preventiva del amianto debe basarse en la valoración del riesgo potencial, no solo en su identificación.
VALORAR EL RIESGO: LA CLAVE PARA PRIORIZAR DECISIONES
Uno de los fallos más habituales en la práctica es confundir localización con evaluación. Identificar un MCA no equivale a saber qué riesgo supone. La metodología publicada por el INSST propone una valoración estructurada del riesgo basada en tres ejes:
- Características del material (tipo, estado, contenido y variedad de amianto)
- Condiciones del entorno (actividad, accesibilidad, vibraciones, ambiente)
- Exposición potencial de las personas
El resultado permite clasificar el riesgo como bajo, moderado o alto y, lo más importante, priorizar la retirada del amianto, tal y como exige la normativa europea actual.
La Directiva (UE) 2023/2668 es clara: la retirada del amianto debe tener prioridad frente a cualquier otra forma de gestión cuando el nivel de riesgo lo justifica. No actuar o retrasar decisiones por falta de una valoración técnica objetiva supone un riesgo real para trabajadores, usuarios y responsables legales del emplazamiento.
LA GESTIÓN DEL AMIANTO EXIGE MÉTODO, NO IMPROVISACIÓN
La gestión del amianto ya no puede basarse en percepciones ni soluciones genéricas, sino en evaluar su riesgo real y actuar en consecuencia. Hoy, la prevención exige método, trazabilidad y decisiones basadas en datos.
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